martes, 29 de septiembre de 2009

La Infanteria Mexicana

El tiene 11 años, llegó con un arma de fuego, enojado, sin dormir, sin comer. Huyó de su casa después de que su padre intentara asesinar a su madre. El llegó con su madre y sus hermanas buscando protección a un centro de refugio para mujeres.

Pero él no quería estar escondido, él quería dejar a su madre y sus hermanas en un lugar seguro para ir a buscar a su padre y matarlo. Decía que no le tenía miedo y que no le importaba si lo mataban, que prefería eso a estar escondido, como la tonta de su madre que no se sabe defender.

El solo tiene 11 años; desde hace un año y medio su padre le enseño a usar armas, de muchos tipos. Su padre llevaba ya tiempo dedicado al narcotráfico y al tráfico de armas. Por ello, desde pequeños  él y  su hermano fueron entrenados para ingresar con el tiempo a las filas del grupo de sicarios al que pertenece su padre. Su hermano murió asesinado a los 13 años, hacía apenas unos meses.

Desde tiempos antiguos, los niños han sido utilizados como carne de cañón, por ello los Romanos le llamaban Infantería al grupo de infantes que iban ha ser los primeros en morir en el frente de guerra.

Hoy, a principios del siglo XXI las cosas no han cambiado mucho, de hecho, parece que en cuestión de protección a las niñas, niños y adolescentes, la situación ha empeorado drásticamente.

Cientos de niños y niñas son entrenados en nuestro país para ingresar a las filas de la delincuencia, del crimen organizado. Muchos de ellos morirán antes de ser atrapados por las autoridades e incluso, antes de ser mayores de edad.

Las madres de estos pequeños están casi todas atrapadas en relaciones de violencia. Sus hijos e hijas, que aprenden con el ejemplo como todos, observan que si desobedecen al jefe, al hombre, al marido, les va a ir mal. Es siempre más seguro aliarse con el fuerte, el poderoso, nunca con la víctima que nadie quiere atender y mucho menos acompañar para que tenga acceso a la Justicia.

Para los niños y niñas en este tipo de situación la única ley que viven como legítima es la ley del más fuerte.  Los Derechos Humanos para ellos no tienen ningún significado, como tampoco tiene mayor significado matar o ser asesinado.

Por eso insisto en que seguimos fallando. La negligencia y la corrupción, la simulación de servicios, el dispendio de recursos públicos (o sea, recursos suyos y mios) en programas sin visión a largo plazo, la falta de rendición de cuentas, la falta de voluntad política...

Todos estos son factores para que nuestros progamas educativos, de salud, de seguridad y de justicia sean ineficientes. Nuestros niños y niñas tienen más posibilidades de trabajar como Infantería para los ejércitos del crimen organizado que de terminar la secundaria.

Por lo pronto, este niño de 11 años, lo único que tiene claro es que no quiere vivir como su madre. Y creo que tiene toda la razón. ¿No es ésto lo que les decimos cuando hablamos de sus Derechos?

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