La clase política mexicana en conjunto con sus jefes (¿empresarios de alto nivel, crimen organizado, medios de comunicación?) y la ciudadanía son la mejor demostración de lo que puede ser una pareja en donde hay abuso de poder, donde hay ejercicio de violencia.
Ellos (hablamos de la clase política mexicana y sus jefes) hacen lo que sea necesario para mantenerse en el poder. No importa si hay que mentir, traicionar, matar de hambre o de tristeza a alguien, lo importante es mantenerse en el poder a costa de lo que sea.
La ciudadanía sigue intentando por las buenas que ellos cambien. Siguen buscando abrir espacios de diálogo (anda mi vida, vamos a terapia o a hablar con el cura), espacios de negociación a través del Congreso, mendigando que le hagan el favorcito de respetarle, de comprenderle.
Ella, la ciudadanía, cree que no ha sabido plantear bien sus propuestas, cree que la vida es lucha, que para eso se nace (pobre, mujer, homosexual, indígena, discapacitada...¡consciente!)
La ciudadanía sigue insistiendo en que la libertad, la justicia, el trabajo, la vida sin violencia, la educación...son derechos irrenunciables.
De pronto todos y todas observamos, escuchamos, reflexionamos: ¿será que no nos hemos expresado bien? ¿será que no hemos planteado claramente nuestras necesidades? ¿será que...?
Es tiempo ya de dejar la culpa y comprender que por más que hagamos, ellos no van ha cambiar si no les da la gana hacerlo. La culpa, ese mismo mecanismo de defensa psicológica que lleva a las mujeres víctimas de violencia a creer que hay algo que está en sus manos hacer o dejar de hacer para que ellos, los agresores, cambien.
Ellos mienten porque les seguimos creyendo, traicionan día a día porque les seguimos buscando el modo. Ellos lo hacen porque pueden hacerlo "total, en este país nunca pasa nada"..."ya vez, pueden matar a los estudiantes en Tlatelolco, a Digna Ochoa, hacer su fobaproa" y no hay quien les diga nada.
¿Podrá ser que sintiéndonos culpables de no poder lograr lo que buscamos, nos impida asumir el dolor de tanta traición y tanta mentira? ¿Podrá ser que la culpa nos impida asumir la tristeza y la rabia ante la frustración y la injusticia.
Ellos deberán escuchar que ella, la ciudadanía, poco tarda en acabar de comprender que de nada sirve trabajar por sus derechos, mientras ellos no pongan de su parte, mientras ellos no muestren con hechos, que tienen voluntad política.
Ella, la ciudadanía, sabe que asumir el liderazgo, con integridad, honestidad y convicción, es peligroso en estos tiempos en que es más fácil lavar dinero que trabajar por la justicia. Y también sabe que evadir los conflictos solamente hará la bola de nieve más grande. Ella, la ciudadanía ya lo sabe pues la bola le ha caído nuevamente encima. Por eso sabe también que no hay nada que esperar de ellos, solamente hay que hacerles ver que ya nadie les cree.
¿Cómo hacerles llegar el mensaje sin utilizar la violencia sin caer en la ingenuidad o en juegos perversos?
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