miércoles, 18 de noviembre de 2009

Sindrome de Indefensión Adquirida

Después de hablar con algunas compañeras que presentaron propuestas concretas a las Diputadas y Diputados del Congreso de la Unión, sobre los recursos públicos para el ejercicio 2010, hemos llegado a la conclusión de que presentamos síntomas del Síndrome de Indefensión Adquirida*, mientras otras compañeras presentan síntomas del Síndrome de Estocolmo*.

Y es que ahora nos salen con que si se logró mantener e incluso superar el monto de recursos para temas de Género, pero no se logró etiquetar mucho.

Es decir, que dinero si habrá, pero cada Secretaría podrá utilizarlo como le venga en gana. Sabíamos que, como cada vez que entran diputadas y diputados nuevos,  se eleva el riesgo de no lograr definir en qué se gastará el dinero, a forma de protegerlo, para que se gaste en lo que sabemos tiene impacto. Esto ha vuelto a pasar aún y cuando una buena parte del trabajo lo hicieron ciudadanas y diputadas  experimentadas en materia de Presupuesto y Género.

Nos han dicho que no se pudo etiquetar porque no se presentaron claras las propuestas. Si ustedes vieran en documento hecho por las expertas... Vergüenza les había de dar salir ahora con esas excusas.

Vergüenza de seguir buscando la forma de bloquear las acciones y peticiones ciudadanas. 

Y me acordé de las mujeres que le buscan el modo al marido, que andan de allá para acá pensando que en realidad él quiere cambiar (pues así lo manifiesta) que de verdad quiere que las cosas entre ellos funcionen. Me acuerdo de ellas porque si esta actitud la traducimos a la actitud del gobierno en sus tres poderes (y niveles) pues queda claro que nosotras, la sociedad civil organizada le seguimos buscando también el modo... ¡esperando que esta vez si cambie!

El desequilibrio de Poder genera, lo comprobamos nuevamente, el abuso por parte de aquellas personas que tienen en sus manos la capacidad de tomar determinaciones. Teniendo el sartén por el mango, nos siguen dando atole con el dedo. 

Ahora bien, ¿que hacer ante tal realidad? Por muy doloroso que sea, habremos de asumir que las y los políticos no tienen ni la menor intención de cambiar el sistema. Y si hubiera alguien que si lo esté intentando, queda nadando contra corriente en medio de la diarrea discursiva y las promesas cínicas incumplidas en cada sexenio.

Que si, que es importante el tema de la violencia contra las mujeres, que las mujeres somos lo máximo, que este y el otro tienen clarísimo que las mujeres somos más de la mitad de la población (y del padrón electoral)...que si, pero de acciones definidas, nada.

Encontramos Programas y Sistemas vacíos, incapaces de atender la magnitud de los problemas sociales, incapaces de llevar a cabo acciones a largo plazo. Más de 9,000 millones de pesos se invirtieron en el tema de Equidad de Género el años pasado, y mire usted si algo ha cambiado.

Alguna mujer, la que quiera usted buscar, que esté viviendo violencia en casa, en el trabajo, en la calle, si quiere tener acceso a la justicia, tendrá que hacer malavares para lograrla y en muchos casos dependerá de si ella tiene más poder e influencias que el agresor.

El agresor, los agresores, el Estado Mexicano que acaba de ser sentenciado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos como culpable de algunos de los Feminicidios de Cd. Juárez; culpable, digo yo de omisión, de negligencia y de indolencia ante la violencia ejercida contra miles de mujeres, niñas, niños, personas de la tercera edad, personas discapacitadas.

El Estado Mexicano es culpable de complicidad. 

Si, las víctimas podemos presentar los claros síntomas de los Síndromes de Estocolmo, de Indefensión Adquirida y de Estrés Postraumático

¿Cuando estudiarán a los agresores? ¿Como estudiarles si son invisibles gracias a este sistema que han diseñado para protegerse? 

* Síndrome de Indefensión Adquirida: condición en la que culaquier persona que vive violencia,  no trata de escapar, sino de adaptarse, después de aprender por experiencias anteriores, que no hay escapatoria. 

* Síndorme de Estocolmo: mecanismo de defensa que desarrollan las personas al sentir temor extremo en una situación de violencia; estrategia activa de supervivencia ante los riesgos que implica abandonar al agresor.


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