martes, 31 de agosto de 2010

A mi a veces me duele el corazón. A veces creo que es de tristeza, pero ultimamente ya no sé si deba ir al cardiólogo.

Y es que mi corazón se anda cansando de tanto oír horrores, de ver gente sufriendo injusticias, de ver gente asesinada, de ver gente con el alma mutilada por el miedo.

O será que he comido mucha grasa y no me he ejercitado constantemente. Tal vez las desveladas. Tal vez tantas emociones juntas y tan contradictorias. Tal vez.

O tal vez es que me hace daño ver tantas noticias, trabajar con víctimas de violencia, pasear en carro por estas calles donde se siente el miedo.

Pienso que es peligroso andar manejando con el alma en un hilo. Si con un mofle descompuesto tengo para que me de el sobresalto y me quede con dolor de cabeza todo el día.

Tal vez es que soy muy nerviosa, o muy sensible, o me estoy haciendo vieja y con la vejez, dicen que se siente cansancio, o tal vez es todo junto.

¿Será que me acabé las dosis de adrenalina que mi cuerpo puede producir? O es que de tanta adrenalina ahora el cuerpo ya ni se inmuta ante su presencia.

Para el caso da igual. Me duele el corazón. Porque después de tantos años trabajando para generar cambios, para que vivamos mejor, para que tengamos comunidades más equitativas, ¿y me salen con esto?

Que el país completito está infestado de criminales, que todas las instituciones gubernamentales y políticas están trabajando para el crimen organizado o para los intereses de las grandes empresas transnacionales. Que ahora hay más pobres que hace 5 años. Que ahora si una mujer pierde un bebé puede ir a la cárcel por aborto espontáneo. Que la violencia que estamos viviendo todavía va a escalar. Que faltan como 10 o 15 años para que salgamos de esto.

Y es que dicen que no se habían dado cuenta. ¿Como pudimos llegar a esto? - preguntan algunos y algunas. Como si no lo hubieran podido prevenir, como si aún ahora no se pudieran realizar acciones efectivas.

Los países que han pasado por esto ya saben el camino: retomar la fuerza y la autoridad moral de las organizaciones ciudadanas con programas exitosos, fortalecerles e impulsarles invirtiendo con ellas, para que la ciudadanía retome sus ciudades, sus pueblos.

El gobierno, todo, no tiene ya autoridad moral, como tampoco la tiene ya ningún partido político. Solo les queda la autoridad formal, si es que no se las arranca a granadazos algún grupo criminal o una turba de gente enfurecida ante su ineptitud y sus abusos.

Son tiempos de guerra. Y se parece tanto a una guerra civil. Porque los militares y los policías están identificados por sus uniformes, pero para ellos, todos y todas somos posibles criminales. Ellos no saben donde están sus enemigos. ¿Es el gobernador y su equipo? o solo parte de su equipo, pero quiénes. ¿Serán los policías municipales o los estatales o todos? ¿Serán esos empresarios, hombres de negocios que lavan dinero? ¿Serán campesinos que encubren y protegen a los narcos dueños del pueblo y de sus tierras y de sus mujeres y de sus niños y niñas?

Y la gente de a pie, la ciudadanía le teme a todos por igual: policías, militares, pobres, ricos, políticos o gobernantes o burócratas en cualquier dependencia.

Si, por eso digo, me duele el corazón, creo que es de tanto pensar intentando encontrar una forma de reconciliar este México enfrentado por la corrupción, la impunidad, la falta de voluntad y quehacer político, por la desconfianza en todos y en todo.

¿Podremos reconciliar lo irreconciliable? ¿Seremos capaces de crear estrategias innovadoras utilizando la autoridad formal junto con la autoridad moral? ¿Nos atreveremos a trabajar juntos y juntas?

Me dormiré, tal vez la almohada me regale alguna buena idea para seguir hilvanando esta utopía. Y tal vez mañana, me deje de doler el corazón.




domingo, 29 de agosto de 2010

Redes Ciudadanas

Esto de las Redes Sociales es fabuloso, yo creo que podemos aprovecharlas mejor. Hasta ahora parece que nos cuidamos unas a otras pero ¿y si logramos organizarnos mejor?

Es decir, no solo para cuidarnos y defendernos, no solo para reaccionar, sino para actuar en base a estrategias comunes.

Nos han hecho creer que es difícil organizarnos, porque ya no podemos saber con quién estamos tratando, puesto de forma simplista, nos dicen que no se sabe cuáles son los buenos y cuáles son los malos.

Para mi no es tan complicado, si recordamos el consejo del Jesús que caminó por Nazaret: "por sus obras les conoceréis"

Porque las buenas personas son aquellas que, desde mi entender, tienen una consciencia que les lleva a hacer cosas por el bien común, que usan su poder y el poder comunitario para superar problemas y generar desarrollo, para construir comunidades humanizadas, equitativas.

Dice mi amigo Rafael Manrique que la bondad y la maldad pertenecen al ámbito de las relaciones humanas. No son temas políticos, sino actitudes personales hacia las y los otros y por tanto hacia el mundo.

Así que podemos valorar la bondad o la maldad según las acciones de las personas, no en base a creencias o ideologías.

Entonces, ¿será buena una persona que teniendo poder esconde la cabeza o se queda cómodamente en su burbuja? ¿esa acción daña o favorece el desarrollo del bien común?

¿Como juzgar a un servidor público en su quehacer político? ¿como saber si protege o no al crimen organizado? Pues sencillamente por los resultados, por sus acciones.

Las redes sociales nos permiten innovar la forma de hacer la revolución, esa revolución legítima que queremos, que buscamos porque es nuestro derecho.

Yo propongo que sigamos construyendo ciudadanía. Propongo que pasemos de la indignación y la reacción a la defensa y a la acción concertada.

Las personas que si tenemos miedo y que ante el miedo nos echamos para adelante deberemos juntarnos y concertar acciones específicas. Y si, el miedo es una herramienta valiosa, que junto al coraje nos puede llevar a desterrar a aquellos pocos que quieren hacernos creer que no podemos.

La verdad yo si tengo miedo. Miedo de que sigamos manteniendo una clase política que trabaja para el crimen organizado o para intereses de gente codiciosa; miedo de heredar a mis hijos e hijas un país que siga construyéndose en base a mentiras; miedo a que cualquier tormenta pueda tumbarnos vialidades mal hechas por gente chambona y corrupta (porque dudo que tanta estupidez sea solo por ineptitud); miedo a que nuestras niñas y niños, mujeres y hombres sumidos en la pobreza no encuentren otra forma de vida más que trabajar para las organizaciones criminales.

Debemos mantener el paso, pues como dijo el poeta Bertolt Bercht: "Los hombres (y las mujeres*) que luchan un día son buenos (y buenas), los (y las) que luchan una semana son mejores, los (y las) que luchan toda una vida son indispensables".

NOTA: *las cursivas son mías, por esta necia necesidad de incluirnos a nosotras, las mujeres.