La noticia se generó por el numerito en la sesión del Congreso de la Unión: diputados del PT cuestionaron sobre el presunto alcoholismo de Felipe Calderón. Eso se convirtió en una noticia que no todos los medios quiseron analizar.
Carmen Aristegui, mujer, periodista que se ha ganado a pulso la confianza y la credibilidad de la ciudadanía dentro y fuera de México tomó la nota y la analizó.
A Carmen ya antes le ha costado darle voz a las víctimas de Maciel, a la familia de la indígena que murió en Zongolica, a Lydia Cacho cuando nadie le creía, a las familias de las y los niños desaparecidos o secuestrados por la Iglesia Cristiana Restaurada.
Carmen ha tenido en sus noticieros los más altos ratings porque la gente la escuchamos, nos gusta su claridad, su valentía, su capacidad de hacer análisis. Nos ayuda a pensar y a tomar postura sobre temas que a todos y todas nos deben importar. Nos ayuda a no quedarnos en la apatía por la confusión, con sus notas y sus investigaciones nos permite involucrarnos en la vida política de este país incrédulo ante tanta simulación y verdades a medias.
Las y los mexicanos en mayoría, ya no creemos en las empresas de noticias vendidas, esas que mantienen una relación clientelar con los poderes formales o los poderes fácticos.
Hoy Carmen Aristegui fue nuevamente despedida, esta vez por preguntar sobre un presunto problema de salud del presidente Calderón. Porque el alcoholismo es un problema de salud, el mismo Felipe y Margarita su esposa lo han dicho mientras inaguran centros para prevenir y atender las adicciones.
Lo grave es que ni MVS ni la Presidencia de la República comprendan que correrla fue como ponerle gasolina al fuego. No contestaron a la pregunta (y el que calla, otroga) pero si la despidieron.
Lo grave es la falta de sentido común para atender un cuestionamiento de una periodista; lo grave es que las y los mexicanos dejemos de escuchar a Carmen, y al hacerlo, sentir que nos quedamos sin un espacio para coincidir, para disentir, para denunciar.
Porque para las personas que trabajamos en la Defensa de los Derechos de grupos vulnerados, Carmen siempre ha estado ahí, solidaria y congruente, valiente y honesta.
Es cierto lo que dicen las y los twitteros: hoy todos y todas somos Carmen.
Ánimo Carmen, que esto también pasará. Recuerda que a ti te creemos porque nos tienes el respeto para hablar simpre con honestidad, sin maquillar, sin simular las noticias. Te seguimos por otras vías.
Te estamos esperando para seguir construyendo, aunque no quieran darnos permiso.
Después de todo, bien dicen: Las mujeres bien portadas rara vez hacen historia.
Portate mal y sigue preguntando.